Insurrecciones indígenas en la Nueva España

Colaboración con El Universal

Lenia Batres Guadarrama

9/27/2026

El 28 de septiembre de 1541, Tenamaxtli, líder del pueblo Caxcán —ubicado entre Jalisco y Zacatecas— sitió Guadalajara, durante la Rebelión del Mixtón, primer alzamiento documentado por la Colonia. El autor de la Matanza de Tóxcatl —o matanza del Templo Mayor— Pedro de Alvarado, perdió la vida en el sitio, muerte que cimbró la incipiente estructura colonial.

Al menos 20 rebeliones indígenas ocurridas durante la Colonia han sido documentadas. Desde el inicio de la ocupación española, en la década de 1520, hasta la muy conocida rebelión de Jacinto Canek en 1792, finales del siglo XVIII.

Las insurrecciones indígenas de Nueva España fueron movimientos regionales de diferente escala —motines, ataques a misiones y caminos, levantamientos comunitarios, coaliciones interétnicas y guerras prolongadas—, manifestaciones del control colonial desigual del territorio: intenso en ciudades y zonas agrícolas centrales, pero frágil en regiones serranas, desérticas y selváticas.

Las causas —declaradas o atribuidas— de esas rebeliones fueron múltiples: la conquista territorial, el trabajo forzado, el pago de tributos, la esclavización, el despojo de tierras, los abusos de autoridades y encomenderos, la imposición religiosa.

Hasta el siglo XIX, con la “guerra de castas” de Yucatán, y las rebeliones del Pueblo Yaqui, ya entrado el siglo XX, son parte de la defensa y reivindicación indígena que inició en 1521, con la caída de México-Tenochtitlán.

En las regiones sedentarias del centro, sur y sureste, muchos levantamientos defendieron tierras, gobiernos comunitarios y prácticas religiosas dentro de un orden colonial ya establecido; en el norte y noreste, la expansión de minas, haciendas, misiones, presidios y asentamientos españoles provocó conflictos prolongados con pueblos nómadas que conservaban mayor autonomía territorial.

Algunas de las rebeliones del siglo XVI que se han logrado documentar son los levantamientos en Pánuco y el noroeste de la costa del Golfo de México, en la década de 1520; la guerra del Mixtón, en la Nueva Galicia, entre 1540 y 1542; el levantamiento maya oriental en Yucatán, en 1546, y la guerra chichimeca en Zacatecas, con los pueblos guachichiles y guamares, entre otros, entre 1550 y 1590.

En el siglo XVII se han registrado: la rebelión acaxee, en la Sierra de San Andrés, Durango, en 1604; la rebelión tepehuana en la Nueva Vizcaya, entre 1616 y 1618; los conflictos de conchos, tobosos y aliados, en el Bolsón de Mapimí y Nueva Vizcaya, entre 1621 y 1650; los levantamientos en el Nuevo Reino de León, entre 1624 y 1650; la rebelión guazapar, en la zona serrana del noroeste, en 1632; los conflictos y matanzas de alazapas, en el noreste, en 1637; el levantamiento de las Siete Naciones, en la Nueva Vizcaya, entre 1644 y 1645; las guerras intermitentes del norte, entre 1646 y 1690; la rebelión de Tehuantepec, Oaxaca, en 1660; la rebelión de Nuevo México, en 1680; las nuevas rebeliones en Nueva Vizcaya y el Bolsón de Mapimí, entre 1683 y 1698, y el tumulto de la Ciudad de México de 1692; el conflicto de Texas oriental, entre 1695 y 1697.

En el siglo XVIII, la historiografía documenta la rebelión de Cancuc, Chiapas, de 1712; la rebelión pima, en Pimería Alta, Sonora, de 1751 a 1752, y la rebelión de Jacinto Canek, en Cisteil, Yucatán, en 1761. Estas rebeliones son muestra de la incesante resistencia a la conquista española en los pueblos antiguos de México.

Lenia Batres Guadarrama

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