La caída de Tenochtitlan y el largo proceso de conquista
Colaboración con El Universal
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos introdujo una noción ambiental conservacionista patrimonial en el párrafo tercero del artículo 27:
"La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación. Con este objeto se dictarán las medidas necesarias […] para evitar la destrucción de los elementos naturales."
Sin embargo, para autores como Nava Escudero, el derecho constitucional ambiental en México comenzó hasta 1971, porque hasta entonces nace el significado contemporáneo de "ambiente" y de la “cuestión ambiental”.
La Constitución de 1917 introdujo la conexión entre los recursos naturales y una lógica productiva, bajo la conservación instrumental: se conserva para poder seguir aprovechando.
Sin embargo, la posibilidad de establecer modalidades de uso y explotación de la propiedad en el texto original de la CPEUM de 1917 permitió generar la base del cuidado y protección ambiental, y derivar de esta determinación la rama mexicana del derecho ambiental.
En 1971, se introdujo por primera vez el vocablo "ambiental" a la Constitución, en la base cuarta de la fracción XVI del artículo 73, sobre prevención y combate a la contaminación ambiental en el marco de la salubridad general.
El 23 de marzo de 1971, se publicó la Ley General para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental, que desarrolla la perspectiva sanitaria de la protección ambiental, en la que predomina la idea de que la contaminación era un producto marginal de la actividad económica.
Hasta después se concibe la existencia de materiales tóxicos en los ecosistemas y la sustracción de algunos de sus elementos como condición inherente de la actividad económica y no como cualidad marginal, con consecuencias residuales.
De 1983 a 1993, se incorporan preceptos ambientales con dimensión integral impulsados por acontecimientos internacionales, como la creación, en 1983, de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, cuyo Informe Brundtland se publicó en 1987. Confluyeron también factores internos como la contaminación atmosférica de la Ciudad de México y su zona conurbada.
De 1999 a 2012, predomina la corriente de la sustentabilidad, que traslada el eje tutelar del artículo 27 al 4o. constitucional.
La función social de la propiedad y la función ecológica fueron claves en la reforma del 10 de agosto de 1987.
El derecho de la Nación a imponer modalidades a la propiedad privada y a regular el aprovechamiento de los elementos naturales halla su consecución en fines concretos, que agregan la preservación y restauración del equilibrio ecológico como medidas necesarias.
El equilibrio ecológico constituye una modalidad en vez de limitación externa. La persona propietaria o poseedora de tierra forestal, de suelo de conservación o de parcelas ejidales quedan sujetas al ordenamiento ecológico sin sufrir una expropiación: reciben la propiedad ya conformada por su función ecológica. Regresa el contenido ambiental al artículo 27, en vez del 4o. constitucional.
Podría asumirse como continuación de la tradición del constitucionalismo social. El artículo 27 de 1987 extiende la función social hacia el bienestar ambiental. La función ecológica de la propiedad es una modalidad social, que responde al interés público y social.
El 13 de agosto de 1521 cayó Tenochtitlan. La captura de Cuauhtémoc fue resultado de una compleja combinación de conflictos políticos mesoamericanos, estrategias militares españolas, alianzas indígenas, crisis sanitarias y tensiones derivadas del sistema tributario mexica. La entrada de Hernán Cortés a Tenochtitlan en 1519, la recepción inicial por Motecuhzoma II, la ruptura provocada por la violencia española y la posterior expulsión de los invasores durante la llamada Noche Triste marcaron el inicio de una guerra prolongada que se redefinió con la muerte de Motecuhzoma, el breve gobierno de Cuitláhuac y el ascenso de Cuauhtémoc.
Los castellanos contaban con armas de fuego, caballos, acero y experiencia bélica europea, pero eran muy pocos frente a la magnitud de la campaña. La victoria dependió de la participación de cientos de miles de guerreros indígenas provenientes de Tlaxcala, Texcoco, Huexotzinco y Cempoala. Estos pueblos tenían intereses propios, además de resentimiento hacia el poder tributario mexica. Aprovecharon la presencia española para modificar el equilibrio regional de poder.
El sitio de Tenochtitlan fue el momento militar más intenso del proceso. Cortés organizó una campaña contra los pueblos ribereños y mandó construir trece bergantines para controlar el lago de Texcoco, cortar las rutas de abastecimiento y debilitar la resistencia mexica. Cortó el agua del acueducto de Chapultepec y privó de agua potable a la ciudad. Hambre, sed, enfermedad y combate urbano deterioraron la capacidad defensiva tenochca. Hacia julio de 1521, los atacantes avanzaban calle por calle, en medio de una destrucción creciente. La captura final de Cuauhtémoc mientras intentaba escapar en canoas simbolizó el colapso político de Tenochtitlan, aunque la rendición fue seguida por saqueos, matanzas y esclavización de sobrevivientes.
La Colonia se afianzó en la evangelización forzada, la reorganización política del territorio, la destrucción de espacios sagrados indígenas y la explotación de la mano de obra nativa. Violencia y enfermedades introducidas desde Europa, como la viruela, contribuyeron al derrumbe demográfico, aunque ahora se subraya también el peso de la esclavitud, el trabajo forzado y la explotación económica. El destino de Cuauhtémoc, cautivo y ejecutado en 1525, muestra que la derrota militar no significó una integración pacífica, sino el inicio de una dominación colonial que transformó radicalmente las estructuras sociales, religiosas y económicas del mundo mesoamericano.
La narración de la caída de Tenochtitlan ha cambiado a lo largo de los años. En la época colonial dominaban las crónicas de Cortés y Bernal Díaz del Castillo, que presentaban la victoria como resultado del genio militar español y de una misión legitimada por la Corona. Tras la Independencia, la historiografía nacionalista criolla convirtió a los mexicas en antecesores simbólicos de la nación mexicana y estigmatizó a los aliados indígenas, en especial a los tlaxcaltecas, asociándolos con la traición. En el siglo XX, obras como “Visión de los vencidos”, de León-Portilla, consideraron la perspectiva indígena, aunque se están revisado críticamente.
La historiografía de Matthew Restall, Federico Navarrete y Camilla Townsend, entre otros, diferencia ahora la derrota de los mexicas de la llamada Conquista de México. El 13 de agosto de 1521 no se consumó la dominación de todo el territorio; apenas se inició el largo proceso colonial, fragmentado y desigual. La llamada Conquista fue, en realidad, una serie de campañas, negociaciones, resistencias y reacomodos regionales que se extendieron durante décadas. Esta mirada desmonta tanto el mito colonial de la superioridad española como el mito nacionalista de una nación mexica homogénea derrotada de una sola vez.
Lenia Batres Guadarrama.
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